El mundo no se mueve únicamente por los poderosos empellones de los héroes, sino también por la suma de los pequeños empujones de cada trabajador honesto.
Hellen Keller
Primero de Mayo, jornada que aúna la celebración festiva y la reivindicación obrera. Fue instituida como jornada de lucha por la Segunda Internacional, organización creada en París por un congreso socialista inspirada en el Manifiesto Comunista de Marx, en 1889, para perpetuar la memoria de los trabajadores que fueron detenidos y ajusticiados por manifestarse en Chicago en petición de una jornada laboral de ocho horas. Desde 1890, los partidos políticos y los sindicatos integrados en la Internacional dirigieron, en casi todos los países industrializados, manifestaciones de trabajadores en petición de la jornada de ocho horas y como muestra de la fraternidad del proletariado internacional.
A lo largo del siglo XX, los progresos laborales se fueron acrecentando con leyes para los trabajadores, para otorgarles derechos de respeto, retribución y amparo social. En la última década del siglo esos progresos retrocedieron bajo la influencia del neoliberalismo.
Como vemos la historia nos narra sucesos que lastimosamente el mismo ser humano se ha encargado de recrear y que en realidad nos hace dudar de la supuesta constante evolución del hombre, y es que en algún momento podremos soñar que el hombre ¿haga lo que se debe hacer?, ¿Qué se termine la explotación del hombre por el hombre?, a veces olvidamos que todos somos iguales y que el solo hecho de la condición humana nos otorga derechos irrenunciables y deberes obligatorios, tomémonos un momento y preguntemos a nuestro interior ¿estamos haciendo lo que debemos hacer en nuestro trabajo?.
Señores el mundo cambia constantemente y el hombre con él, eso es innegable pero podemos dirigir ese cambio hacia horizontes que aseguren un futuro digno para la sociedad en general, seamos artífices de nuestro destino pero teniendo como máxima que “el trabajo honesto dignifica al ser humano” y nunca olvidemos la palabra del ser humano más representativo del siglo XX, su santidad hoy beatificado Juan Pablo II cuando nos decía “El trabajo más importante no es el de la transformación del mundo, sino el de la transformación de nosotros mismos”.
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